Es como una urna de cristal, de un cristal grueso y fuerte que no se rompe fácilmente.
Dentro llevas muchas cosas, alguna sonrisa inolvidable, una mirada que te ilumina, una mano que no te suelta, una lágrima que te nutre,una brazo que te levanta, una caricia que te estremece, pero quedan huecos, siempre reservados para el menos esperado.
Y llega ese inesperado y golpea suavemente con sus nudillos el cristal, cada vez más insistente, cada vez mas fuerte y potente, hasta que logra entrar en tu urna, logra no romper ni un solo pedazo de cristal, logra no desordenar todo lo que hay dentro y logra encontrar su lugar, el que le corresponde, el reservado, el suyo, el que esperaba.
Y esa urna es el alma, la del corazón, la que nunca te abandona y nunca muere, la que se llena de cosas y la que una vez entras, ya no te deja salir.
Te pido, si me lo permites, que llames y tomes tu lugar.
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